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La realidad actual de las etnias indígenas sobrevivientes de Chile, es por decirlo menos, dramática. De las catorce o quince etnias que poblaban el territorio Chileno a la llegada de los Europeos, sólo sobreviven siete, tres de ellos en peligro de extinción (Kollas, Yámanas y Kawéskar). El devenir de éstos pueblos está marcado por una historia de usurpación, abuso, discriminación y violencia. Partiendo del desplazamiento desde sus tierras ancestrales, hasta el asesinato propiamente tal (como fue el caso de los aborígenes del extremo sur) esta dinámica repetida de norte a sur, primero por los Europeos y luego por los gobiernos Chilenos, en una política que diezmó a algunos pueblos hasta hacerlos desaparecer no quedando más que su recuerdo.
Al analizar la contingencia de los pueblos originarios del territorio Chileno, no podemos descontextualizar ésta, ni de su historia ni de su cosmovisión, ya que ello cruza absolutamente toda la realidad de cada cultura, y por supuesto, la determina, así como también se ve influida por los sucesos externos que día a día van invadiendo los pequeños mundos que habitan las culturas indígenas, esto produce 2 fenómenos intensamente relacionados: por un lado el proceso de interrelación étnica (muy poco respetuosa) que produce una alteración en la forma en que los indígenas aprehenden el mundo, pues este se torna hostil, con cánones desconocidos que le impone un orden distinto (muchas veces nocivo) del que conocen y por lo mismo se da una variación de la cosmovisión que integra elementos de la cultura Chilena (occidental) para poder sobrevivir, por ejemplo la integración religiosa.
Además, debido al franco hostigamiento del que los indígenas son objeto sumado a la relación que la sociedad establece que no es de reconocimiento como un otro válido, sino que intenta integrarlos para absorberlos, se produce un proceso de aculturación en todos estos pueblos, proceso a través del cual van perdiendo su cosmovisión, su identidad étnica, formas culturales del hacer, el vivir y el sentir, etc. es cada vez más alarmante el observar este proceso y como poco a poco se pierde irremediablemente la riqueza cultural construida durante siglos.
De los pueblos vigentes hoy en día y a los que la ley indígena reconoce como tales, estos son: Aymaras, Atacameños, Kollas, Rapanui, Mapuches, Kawéskar y Yámana, ninguno se ha eximido del proceso aculturativo, de la discriminación y la usurpación.
Los Aymaras, habitantes del norte grande viven en este momento un proceso de reetnificación, último grito desesperado para mantener viva su cultura, ya envuelta en matices integrados de elementos foráneos.
Los atacameños perdieron su lengua nativa, siendo hoy en día muy difícil su identificación como grupo étnico.
Los Kollas viven en un numero no mayor al centenar de personas.
Los Rapanui viven del turismo, explotando sus ritos y tradiciones para sobrevivir.
Los Mapuches dan una última pele a para recuperar lo que por derecho les pertenece.
Los Kawéskar y los Yámana están a punto de desaparecer como etnias dada las condiciones de miseria en la que viven su ínfima cantidad de integrantes.
Este es a grande rasgos la situación que viven los pueblos indígenas, ciertamente diezmados, pero están allí y requieren ser escuchados, no podemos dejar de reconocernos en sus rostros, no podemos pensar que han muerto pues, socavadamente aún aman a sus divinidades y practican sus ritos, encontrando allí toda la verdad, coherencia y cordura que nosotros les negamos, que negamos a nosotros mismos y que queremos que ellos olviden.
